Por Eduardo A.
Qué golazo de Brasil, cómo juega esa selección, aunque entre tanta gente parada y reunida por el partido, no veo bien la pantalla. Eso me llevó a pensar: ¿todos están viendo bien? Volteo a mi alrededor y veo que hay infancias en hombros de sus padres, pero realmente hay tantas pantallas aquí en el FIFA Fan Fest de la Ciudad de México que a priori no debería de haber problemas para disfrutar de los partidos así como de la experiencia del Fan Fest en general.
A priori, insisto. Porque después empecé a recorrer el resto del evento: los puestos de comida, con opciones tan saludables y económicas como papas fritas con precios de entre 60 a 100 pesos, en general tenían un escalón primero al que las personas se podían subir pues los mostradores estaban altos. Y eso es sólo el comienzo de una serie de deficiencias que encontré: desde la nula señalética adecuada, hasta la falta de guías podotáctiles (las que habían eran las que están de por sí en la plancha del Zócalo y que obviamente no conectaban los stands o las áreas de recreación del festival), en cuestión de accesibilidad el Fan Fest más bien terminó siendo un Fan Horror.
Durante 34 días, del 11 de junio al 19 de julio, el Zócalo fue la fiesta no oficial del Mundial: pantallas gigantes, conciertos, comida, una marea de aficionados de todas las nacionalidades celebrando cada partido como si estuviéramos dentro del estadio. FIFA y el Gobierno de la Ciudad lo promocionaron como gratuito, abierto, para todos. Y gratuito era, sí, pero la palabra con la que entro en conflicto es “todos”. Porque cuando investigué lo que eso significaba para una persona con discapacidad, la (vaga) respuesta cupo en un párrafo perdido entre el menú de comida y la información sobre las formas de pago en el recinto.
La accesibilidad como “nota al pie’”
Les invito a buscarlo: la sección oficial de accesibilidad de FIFA para el Fan Fest CDMX dice básicamente esto: “Las personas con discapacidad son bienvenidas. Se recomienda ir acompañado. El cupo es limitado. La calle 20 de Noviembre es la vía “más conveniente”. El piso es firme, sin pasto. Hay una zona de accesibilidad y se llega por rampas”. Punto. Eso es todo.
Ahora comparen ese párrafo con lo que se explicó sobre los objetos prohibidos: paraguas, encendedores, banderas de más de metro y medio, cámaras profesionales, carreolas, mochilas grandes, un límite exacto en pulgadas para el tamaño del bolso.
Después de mucho estar en contacto con documentos institucionales pragmáticos en donde las prioridades se detallan muy concretamente, sé identificar cuándo un tema importó de verdad y cuándo se agregó porque alguien en algún comité dijo, después de preguntar en alguna IA los requerimientos necesarios para un evento así, “se nos olvidaba la parte de inclusión, hay que poner algo de accesibilidad”. En esta ocasión, queda claro que este fue el caso, casi seguro.
Una calle no es una entrada accesible, es una apuesta
Aquí empieza mi revoltura de estómago, porque conozco el terreno. Ofrecer una sola calle “recomendada” para movilidad reducida, en un recinto con capacidad para 55 mil personas que incluso se dice que superó esa cifra en un partido de la Selección Mexicana, no es una solución de accesibilidad, ni tan siquiera un ajuste razonable. Es una apuesta a que nada salga mal.
De hecho algo sí salió mal desde el primer día. El día de la inauguración, cientos de personas desbordaron las calles de acceso al Zócalo, empujando para no quedarse fuera, en lo que la prensa describió como una marea verde imposible de contener. Ni la FIFA, ni el Gobierno de la Ciudad de México, se pusieron a pensar realmente cuánta gente llegaría. No estaban ni interesados en el número, probablemente lo que interesaba era sólo la derrama económica que dejarían. Y es que pregúntense qué le pasa a un “corredor preferente para personas con discapacidad” cuando la multitud real llega así. Respuesta: no existe. Se lo lleva esa “marea” con todo y buena intención.
Y por si fuera poco, días antes de esa inauguración, el plantón de la CNTE en las inmediaciones del Zócalo puso en duda si el Fan Fest siquiera abriría. Un evento cuyo acceso puede colapsar por la coyuntura política del centro histórico necesitaba, más que ningún otro, una ruta accesible de verdad protegida. No la tuvo. Las estaciones de metro más cercanas al Fan Fest eran Allende, de la línea 2, y Pino Suárez, de la línea 1, estaciones que fueron intervenidas recientemente por la justa mundialista, pero en donde la accesibilidad también reinó por su ausencia.
De ahí, saliendo a la vía pública, la situación era peor: no se respetó ni un 10% de la cadena de accesibilidad en las calles aledañas para salir del transporte público y llegar al evento pues, entre banquetas invadidas, la cantidad monumental de gente que siempre hay en el centro, los bloqueos y demás, para cualquier persona era casi imposible avanzar (aunque esas quejas las dejamos para otro blog).
Tenemos de todo en el festival, hasta exclusión
Podría seguir horas con esto, pero prometo que ya estoy cerca de concluir:
Ni una palabra sobre intérpretes de Lengua de Señas Mexicana, para un evento con conciertos, anuncios y transmisiones en vivo. Nada. ¿Qué hubiese pasado si ocurría alguna emergencia y habían personas sordas entre el público? Ninguna versión accesible de la información misma. Nada de lectura fácil, alto contraste o audiodescripción para explicar cómo llegar, qué esperar de/en el evento, cómo disfrutarlo. La única fuente era el mismo texto denso de siempre.
Además, cero previsión sensorial. Pantallas LED, pirotecnia, volumen de estadio, y ninguna zona de baja estimulación para quien la necesitase que, créanme, era necesario para cualquier persona porque por tanto ruido y tantas cosas que pasaban a tu alrededor, el dolor de cabeza era algo obligatorio por no poder escuchar ni tus propios pensamientos.
Por otro lado, fue igualmente indignante la frase de “se recomienda ir acompañado” que, de a rápido no se nota, pero básicamente fue una manera elegante de decirle a la persona con discapacidad “resuélvelo tú con tu gente, porque nosotros no lo quisimos resolver en el diseño”.
Ninguna de estas cosas son un caprichos mío. Hay estándares internacionales para eventos de este tipo, leyes de integración para las personas con discapacidad federales y locales, una ley sobre accesibilidad local, normas oficiales mexicanas … no hacía falta inventar nada, sólo debían googlear.
Lo que se nos queda
Que el evento más visible del año, con el presupuesto y el prestigio de FIFA y el poder y presupuesto del Gobierno de la Ciudad capital del país se haya conformado con once líneas para hablar de accesibilidad en su página web no me parece un descuido menor, sino una confesión: todavía ven a la accesibilidad como el anexo que se agrega al final, no como la pregunta que se hace desde el primer bosquejo del recinto. Y si al evento con más reflectores no le alcanzó, no quiero ni imaginar cómo les fue a los cientos de festivales futboleros repartidos en las alcaldías, con una fracción del presupuesto y ninguna cámara encima.
La pregunta que me lleva rondando los últimos días en la cabeza es si alguien, en algún punto de la planeación del evento, pensó que al Fan Fest asistirían personas con necesidades y requerimientos específicos, que buscaban disfrutar y pasar un buen rato, o les vieron solo como billetes para engrosar las carteras de responsables, patrocinadores, directivos de FIFA y como números que presumir. Al final, sólo es un centímetro más que agregarle a la larga cola que ese ente futbolístico tiene para que le pisen.
El siguiente mundial es mayoritariamente en España, con partidos en Paraguay, Uruguay, Marruecos y Portugal, ¿ahí sí habrá accesibilidad o también se verá a las personas con discapacidad y movilidad reducida como parte de una estadística y no como seres vivos meritorios de diversión adecuada y accesible? Que por cierto, no hay información de cuantas personas con discapacidad estuvieron en los Fan Fest (y no creo que haya), no conviene contrastar eso con la línea discursiva de inclusión que se vino manejando en este Mundial, por lo que sólo nos quedará el cartel avío, hecho con inteligencia artificial (por cierto) que mandó a hacer Jefatura de Gobierno sobre cómo esta fue “la Capital del Futbol y la Inclusión”. Bellas ironías de la vida, ¿no?
Eduardo A.
Politólogo con más de 6 años de experiencia en análisis de políticas públicas, además de experiencia en turismo, innovación y accesibilidad. Desde 2026 colabora como consultor en accesibilidad en el Instituto Mexicano de Turismo y Accesibilidad (IMETAC).
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